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prot ries junkware 16 2 2015

El junkware es ese software que se nos instala en el ordenador a modo de regalo no solicitado. No es malicioso, aunque sí puede llegar a ser muy molesto. Cuando nos descargamos alguna herramienta gratuita generalmente se nos da ésta y, además, otras que se instalan discretamente en nuestro ordenador.

Gratis, lo que dice gratis, no hay mucho software en Internet. Debemos tener en cuenta que detrás de cualquier herramienta hay una o más personas que han dedicado tiempo, creatividad y esfuerzo a su desarrollo. Atrás han quedado los años en que la mayoría del software gratuito o freeware era simplemente eso: una herramienta útil y gratuita que, por amor al arte, ciertos programadores ponían a nuestro alcance vía disquettes en revistas, sitios FTP o los denomindos BBS (bulletin board systems) en los primeros años de Internet.

Con el tiempo, Internet ha pasado a ser, como bien sabes, el mejor de los escenarios para la generación de negocios, con la publicidad dirigida como principal mecanismo para maximizar su rentabilidad. Pese a que muchos desarrolladores aún siguen fieles al principio original del freeware, otros, sin embargo, han decidio ganar dinero con sus creaciones indirectamente. ¿Cómo lo hacen?

Es aquí donde surge el junkware. Tal vez te hayas fijado que un buen día ves que tu navegador incorpora una barra de herramientas nueva, un buscador que no corresponde con el que tenías establecido por defecto, una página principal distinta a la que tenías, etc. Esto es debido a que en algunas de tus descargas se te han instalado sin que te des cuenta junto a la herramienta que querías, cuatro o cinco más.

¿Ilegal? No, en la mayoría de los casos. Si te fijas en tu próxima descarga de alguna herramienta gratuita tal vez puedas observar que se te invita a instalar otras herramientas adicionales. Famoso es el caso del Adobe Flash Player, que te invita a instalarte el navegador Chrome de Google y establecerlo como predeterminado. Se te dará la oportunidad de decir que no, pero la opción configurada por defecto es que sí. En muchos casos no prestamos atención a estas cosas. Instalamos la herramienta en dos o tres clicks y listo, sin percatarnos de las posibilidades adicionales que se nos ofrecían antes de la instalación.

Bastante menos notorio es el caso en que las herramientas no solicitadas que se nos ofrecen no figuran por ningún lado a primera vista. ¿O sí?. ¿Conoces los famosos "términos" o "contrato de uso" de una herraminta que debes aceptar para comenzar a usarla?. ¿Te has leído uno en alguna ocasión? (¿Respondes tú, o respondemos nosotros...?). En esos contratos vienen en muchas ocasiones condiciones como la aceptación de instalación de otras herramientas.

De vuelta al caso del Adobe Flash Player, este es un ejemplo con las consecuencias menos molestas. Al fin y al cabo, contar con un nuevo navegador no es muy molesto e, incluso, puede ser hasta interesante.

La situación se vuelve verdaderamente incómoda cuando lo que se instalan son herrameintas cuyo objetivo es llevar un seguimiento de nuestra actividad en Internet. De esta forma, todo lo que hacemos en Internet se traslada, de forma anónima, eso sí, a intermediarios de publicidad. El objetivo es que se nos muestren anuncios adecuados a nuestros intereses, por lo que es muy probable que acabemos haciendo click en alguno de ellos, e incluso contratando el servicio o comprando el producto que se nos ofrecía. He aquí el negocio. Los desarrolladores de la herramienta que originalmente queríamos y nos descargamos cobrarán una cantidad de los intermediarios de publicidad por conceptos como número de veces que instalan el software no solicitado, número de veces que un anuncio es mostrado a un usuario, número de clicks en los anuncios y algún porcentaje por la venta del servicio o producto, si ésta llegara a producirse.

Este tipo de prácticas puede tener consecuencias enormemente molestas para el usuario. Puede ocurrir que la publicidad se nos muestre discretamente, pero en ocasiones, podemos ser víctimas de un aluvión de anuncios que emergen por doquier en cualquier página que visitemos e, incluso, desde nuestro navegador.

Uno de los ejemplos más desesperantes es el conocido DealPly. Se instala como una extensión a nuestro navegador y no para de bombardearnos con anuncios. Tal es su "calidad", que los anuncios se nos muestran embebidos en páginas web, como parte de su contenido, pero sin serlo. En la web no existe el anuncio. Es nuestro navegador el que se encarga de encajarlo en la interpretación de la página que estamos viendo, sólo a nosotros. Además, seguramente sea un auncio afín a nuestros intereses.

Otra de las variantes la constituyen los gestores de descargas. En estos casos, antes de descargar un herramienta se nos pedirá que descarguemos e instalemos otra herramienta para realizar la descarga de la que verdaderamente queremos descargarnos. Estos gestores de descargas harán el cometido que se les supone, pero también otros más que no deseas.

A quién puede ocurrir

A todos. Cualquier usuario de Internet puede ser víctima de una instalación de junkware.

Cómo evitarlo

  • Analiza bien las páginas de las que te descargas el software. Observarás que, generalmente, están plagadas de botones de descarga. Sólo uno de los botones es el que verdaderamente realizará la descarga que quieres. El resto, en la mayoría de los casos son banners que pueden incluir falsos botones de descarga cuyo objetivo final es instalar algo en tu ordenador, aunque en ocasiones te pedirá permiso.
  • Lée bien toda la información que se te indica antes de proceder a la descarga y a la instalación, asegurándote que las opciones de instalación de software adicional las desmarcas.
  • Aunque los contratos o licencias de uso que acompañan a algunos programas son enormemente largos, no está de más que eches un vistazo. La "sustancia" no suele venir en los primeros párrafos o cláusulas de éstos. Avanza un poco y lée.
  • Evita las herramientas que usan un gestor de descargas. Éstos también incluyen recursos adicionales para conocer un poco más de tí.

 

Fuente: Elaboración propia (ViveInternet)