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chuckyParte del rostro de Chucky, protagonista de la película "El muñeco diabólico". Imagen: UA & MGM (parcialmente tratada)

La Internet de las Cosas también llega al mundo de los juguetes. Primero fueron las videconsolas. Ahora, también muñecas, peluches, coches y otros artilugios vienen equipados con WiFi, para deleite de sus propietarios. Bien, pero también aquí debemos ser cautos. Toma nota.

Cuando se nos dice o leemos que un determinado dispositivo es un "dispositivo conectado", lo más probable es que incluya algún tipo de tecnología como infrarojos, NFC, Bluetooth o, en la mayoría de los casos, Wi-Fi, para acceder a Internet. Evidentemente, requerirán de un router en las proximidades o de un smartphone en las inmediaciones para poder tener acceso a Internet.

Las razones por las que determinados juguetes se conectan son variadas. Éstas van desde las más sociales, que implican relaciones de juego con otros propietarios del mismo juguete, hasta las menos participativas, en las que el juguete en cuestión se conecta para descargarse, por ejemplo, sonidos, imágenes o, simplemente, actualizaciones de software.

Las videoconsolas, tanto de mano como de salón, llevan explotando este recurso desde hace años. Éstas se conectan en la mayoría de los casos para pemitir el juego en equipo o en competición, con otras personas que pueden incluso verse y que pueden estar en cualquier parte del mundo.

Desde hace menos tiempo hemos empezado a ver ya algunas muñecas, coches y peluches también conectados. Pero, ¿es esto seguro cuando el público al que se dirigen es de corta edad? ¿Qué hay de su privacidad cuando incluso algunos incorporan hasta webcam?

Hola. Me llamo Chucky, ¿quieres jugar conmigo?

Por muy angelical que sea el peluche o muñeca, una pobre seguridad de fábrica podría convertirlo en un "Chucky", aquel inolvidable muñeco diabólico que, a los que tenemos ya "unos años" (expresión que no sabemos a qué edad se refiere, pero que los afectados entendemos a la perfección) nos dió más de un susto en el cine hace unos 25 años.

Este año el mercado nos acerca la más conocida de las muñecas, pero conectada. Ésta interactúa con los niños escuchando lo que éstos le dicen y conectándose a Internet para devolver aquella frase más coherente con lo que dice su propietario. Lo que ha escuchado esta glamourosa muñeca es enviado a una empresa especialista en reconocimeninto de voz, para su análisis, de tal forma que se pueda mantener una conversación más o menos fluida con ella, al estilo de ciertos smartphones.

Según investigaciones del ingeniero Matt Jakubowsky, la popular muñeca envía datos como la IP desde la cual se conecta a Internet y también el nombre de la red Wi-Fi desde la que lo hace, además, por supuesto, de la frase pronunciada por el niño o niña. Evidentemente no se envía la contraseña de la Wi-Fi. Pero con la IP y el nombre o identificador de la Wi-Fi basta para que un ciberdelincuente pueda acceder no sólo a nuestra red doméstica, sino, incluso, convertir a esta muñeca casi en un Chucky o inluso, en la niña de El Exorcista, pronunciando todo tipo de improperios que al ciberdelincuente se le ocurra inyectar.

Esto son sólo posibilidades, como es lógico. Pero están ahí.

¿Están los datos de los menores seguros?

En teoría sí. Pero, los hechos demuestran que no siempre se custodian con la seguridad necesaria. La mayoría de los juguetes piden a sus pequeños usuarios un nombre, fecha de nacimiento, un país de residencia e, incluso, datos de domicilio más precisos, nombre de familiares y amigos, etc. Además, a los menores les encanta introducir estos datos. Una cámara les permite sacarse fotos a sí mismos y sacar fotos de su casa, dormitorio, amigos, familia, etc.

Pero, ¿y si el juguete es un artilugio contecado? ¿Estará la privacidad de los menores expuesta? En teoría sí, aunque existen muchas barreras de seguridad levantadas tanto por los fabricantes de los juguetes como por nuestros operadores de comunicaciones.

Sin embargo, no siempre todo está a salvo. Al conocido fabricante de juguetes electrónicos Vtech no hace mucho le robaron datos personales de más de 6 millones de usuarios infantiles, de los que casi 139.000 eran usuarios españoles.

Por su parte, un peluche de Hello Kitty, que también pedía datos a sus usuarios, alimentó la base de datos de su empresa titular, Sanrio. Al igual que ocurriera con Vtech, la empresa fue víctima de un ciberataque y más de 3 millones de datos de menores quedaron expuestos, entre los que figuraban nombres, fechas de nacimientos y otros.

 

Ya los sabes. La Internet de las Cosas no tiene por qué ser algo malo, pero aún su seguridad aún no está plenamente desarrollada. Lo mejor es actuar con cautela, sentido común y echar un vistazo a nuestra sección de Consejos.

 

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